lunes, 21 de junio de 2010

Cuando cae la noche


Cuando cae la noche,
y las esquirlas de luz se dejan de ver,
cuando se agota mi paciencia,
y mi inconsciencia se agita sin saber.

Cuando dejo de oír tu voz,
y el sonido del viento,
me hiela el latido,
de mi corazón.

Cuando pulso el botón,
y en medio del adiós,
viene el silencio,
agolpándose contra mi habitación.

Entonces me pregunto,
por qué no puedo vivir sin tu vida,
por qué me interesan tus noches y tus días,
por qué mi mente corre hacia a ti.

Y no puedo responder,
porque mi paladar no saboreó esto ninguna vez,
y no puedo pensar,
cuando será el próximo paso.

No sé si tendré que vivir sin tu abrazo,
sin tus ojos, sin tus manos,
sin que me recorran tus dedos,
de los pies a los labios.

¿Qué puedo decir?
Me he entregado a ti por entero,
sin saber del amor,
las normas del juego.

Sabiendo del dolor,
su puño certero,
sabiendo del sabor en la lengua,
de la hiel de la falsa apariencia.

Pero a ti me abandono,
sin pensar en qué vendrá mañana,
esperando a que despiertes en mi cama,
para aprenderme de ti hasta el último recodo.

En ti me dejo estar,
conquistaste de un golpe,
sin dignarte a desenvainar,
mi corazón y mi altar.

Y en ti me dejo vagar,
eres mi sol, mi luna mi noche,
porque eres mi presente,
mi futuro, mi eternidad.

Porque te di mi alma por entero,
porque espero que no seas un sueño,
pedacitos de cristal,
que rompen al llegar el día, en mi despertar.

jueves, 21 de enero de 2010

Hoy puedo sentir.


Tanto he esperado este momento,
muchas lágrimas para llegar hasta aquí,
cogiendo mis recuerdos entre las manos,
descubro que se han teñido de gris.

Todo el recorrido caminado,
todas las fuerzas que me han fallado,
todos los besos que no he dado,
y todos los versos aún por escribir.

Y hoy solo puedo decir,
que ha merecido la pena,
que aunque hayan herido mi alma,
hoy aún puedo sentir.

Tú que llegaste por casualidad,
haces erizar el vello de mi piel,
solo con escuchar a tu recuerdo,
soplándome tenue tu silencio.

Todos los minutos que te he echado de menos,
todas las horas extrañándote,
todos los versos que hablan de ti,
no logran describir en sentimiento que aflora en mí.

Quiero descubrir los colores de mi tiempo,
quiero acariciar el aire y descubrir tus labios abiertos,
quiero sentir mi corazón de cara a la pared,
y en mi espalda la certeza de que no me dejarás caer.

Todos los años añorando,
lo que hoy puedo vivir,
todo este tiempo buscando,
lo que contigo puedo sentir.

Te regalo todos mis besos,
te regalo el mejor de mis versos,
te regalo todas mis caricias,
y de mis días, los que quieras compartir.



jueves, 7 de enero de 2010

Eres el mejor poema.


Corté una flor,
del deseo de mis labios,
acaricié el lomo,
del tiempo que roza mis años.

Y solo encontré una fotografía,
el viento en mi mejilla,
un beso roto,
y un amor hecho canción.

Si te escribo cada día,
es porque quiero regalarte lo mejor de mi vida,
si con tus besos hilo los mejores versos,
no quiero renunciar a tu sabor.

Busqué a través de mis años,
y nunca hubo un solo momento,
en el que haya sido tan feliz,
tú eres el portador de mi luz.

Y atraparé el cielo,
y buscaré en el infierno,
y nunca habrá unas manos así,
que sepan hablar en silencio.

Y si mi amor es una locura,
que me arresten,
si tus labios son una tortura,
prefiero su dolor a su ausencia.

Porque ni en el mayor vacío,
encontré tanta belleza,
tú eres el mejor poema,
que yo pueda componer.

martes, 22 de diciembre de 2009

Dejaré que se extinga el silencio.


Me precupaba tanto el adiós,
que cada instante despedía destellos de desolación,

temía el fin,
tanto que cupido se congelaba en el cielo,
olvidándose de mí.

Temía a mi corazón maltrecho,
caer de rodillas,
y así fui clavándole poco a poco ceniza,
a los días de mi vida.

Para no adorar a un dios inexistente,
para no calmar con palabras mi incosnciente,
para no convencerme más de que no quería,
arriesgué mi alma escriba,

para darme una oportunidad, que creía perdida.

Y te encontré,

como llovido del cielo,
agua negra que refresca,
mi soledad en invierno.

Como un beso que escapa del frío,
como un abrazo que no necesita palabras,
para expresar la intensidad de su cariño,
como una ola de nueva esperanza,
un viento que equilibró la balanza,
a favor de mis días.

Me devolviste mi lira,
y poco a poco mis palabras,
surcaron el aire que cubrían mis heridas.

Y ahora te extraño en la distancia,
aunque es corta quema la ausencia,
aunque no creí jamás que una quimera,
pudiera convertirse en realidad.

Con un soplo derruiste mi palacio de cristal,
sospecho que así,
mi alma está a gusto en mi piel,
me devolviste la fuerza,
mis ganas de vencer.

Y aunque quise buscar el verso perfecto,
que reflejase estos sentimientos,
que bullen por salir,
creí mejor dejar a mi incosnciente,
que mejor sabe hablar, parece,
para que pudiera explicar lo que yo no puedo decir.

Se hace mi habitación más vacía,
de lo que a mi me gustaría admitir,
echo de menos hasta la menor de tus caricias,
echo de menos el brillo de tu sonrisa,
el extraño poder que ejerces sobre mí.

Más de lo que puedo escribir,
desataste con solo un gesto,
de pandora el universo,
el corazón que guardaba con tanto celo.

Sin ti solo puedo explayarme,

en unos días de horas infinitas,
en unos instantes de horas vacías,

en unos besos que se mueren en mí.

Todo lo que te puedo decir,
dejaré que lo extinga el silencio,
para poder darte todo a su debido tiempo,
y disfrutar de lo que vamos a vivir.

Ya solo quiero que pasen los días,
que regresen pronto tus suaves caricias,
y todas las palabras que hacen mella en mí.

Nadie me ve como en tus ojos,

ni mi reflejo es tan leal,
solo quiero que este sueño,
sea el más real.

Y por si aún no fue suficiente,
te regalo todas mis noches de diciembre,
que las de enero aún están por descubrir,
y con un beso de ti me despido,
no le vaya a extrañar tanto cariño,
de tan mal acostumbrado que tengo a Cupido.

El precio de escribir al infinito,
es guardarse las palabras con algo de sentido,
para que no se agoten cuando te quiera escribir.

Y así con un casto verso,
me despido con un ya nos veremos,
esperando que al cerrar los ojos,
ya estés aqui.








miércoles, 9 de diciembre de 2009

Un solo beso


No sé que ocurrió,
se desangró el cielo entero,
cuando mi verso murió.

En vez de desistir,
me abandoné a unos años sin vida,
a un vacío sin salida,
a una existencia sin fin.

Quise acabar,
borrar del firmamento todo recuerdo,
borrar el color de mi alma de acero,
quise cortar de la vida todo filamento.

Y ahora estoy aquí,
esperando que un pobre sin alma,
me entregue las palabras para inmortalizarlas,
para que pueda arrullarme hasta dormir.

No sé que ocurrió,
gasté la vida como un perro loco,
persiguiendo los coches y los terremotos,
haciéndole a la noche oídos sordos.

No sé que decir,
daría mi vida entera,
por un solo segundo de existencia,
en el que pudiera escribir la canción perfecta.

Pero se extingue mi velo de musa,
he perdido el cristal de mi brújula,
mi ilusión en mis sueños es difusa,
se ha secado el manantial de mi expresión.

¡Ay cuanto dolió!
Descubrir que en un solo verso,
no podría jamás recrear ese beso,
con sabor a oscuridad y secreto.

La caricia que dibuja en mi espalda,
las letras de una partida ganada,
la tranquilidad de un anochecer,
he recuperado mi fe.

Créeme cuando te digo,
que no soy mujer de trato divino,
que cuando abandono la copa y el vino,
se rompe el cristal de mi propia conciencia.

No puedo abandonarme a la benevolencia,
para que no toquen de mi alma el retrato,
no puedo pedir con tanta vehemencia,
que quiero tener los mismos ojos cuando todo haya acabado.

No sé que pasó,
descubrí un mundo entero,
gracias a la seda de mis nuevos anhelos,
teñida de sombras y relatos.

No quiero acabar,
solo quiero disfrutar mi fortuna,
quiero ver como el azar me acuna,
y quizás así todo vaya bien.

Me has devuelto la fe,
el rostro en mi espejo,
ya puede devolverme el reflejo,
ya mi alma está a gusto en su propia piel.

¿Qué puedo perder?
Ya mi corazón va viejo,
sin arrugas pero con algún remiendo,
quien ha sufrido puede sobrevivir.

No pienso mentir,
yo no creía que fuera posible,
pero borraste mis ojos tristes,
con una caricia que no pude contener.

No sé si cambié,
pero prefiero esta felicidad espontánea,
perderme entre mis sábanas,
aunque me despierte al amanecer.

Y aún si es efímero,
de un recuerdo siempre queda el latido,
aunque todo acabe,
sabré que he sentido.

Quizá no está todo perdido,
voy a abandonarme a la noche,
escribir con el olor de tu ropa en mi piel,
y es que de ti tengo sed.

No puedo aprender,
a borrar de mi mente el latido,
a borrar de mi corazón el sonido,
de lo que dicta a mis sentidos.

¿Qué mas puedo pedir?
Tengo versos, cama y olvido,
y aunque cueste creerlo tengo cariño,
y no me importa cuando llegue el fin.

Hoy puedo escribir,
gracias a que en el último momento,
borró de un plumazo un solo beso,
todos los que hasta hoy recibí.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

No soy más que aire.


He conquistado el manantial de mis sueños,
he llegado incluso a concebir,
la loca idea de un relato,
que abre sus alas al porvenir.

Y hoy me enfrento a la página en blanco,
a su pulso y su marfil,
hoy dejo volar mi imaginación,
pero ya no vuelve a mí.

Ya no sé lo que he vivido,
ya no sé lo que he pasado,
ya no recuerdo cada beso,
que mis labios ha rozado.

¿Qué voy a hacer con mis ilusiones,
que voy a hacer con mis versos,
que voy a hacer con mis canciones,
si se construyen con mis sueños?

He dibujado mi retrato,
con un dedo tembloroso,
en el vaho del espejo,
pero ya no encuentro, ni mi rostro.

¿Pero es que nadie me oye?
Mírame. ¿No echas nada en falta?
he desdibujado con mis sueños,
la falda de mi infancia.

Hoy he perdido mi camino,
tu mano he encontrado,
pero si me aferro a tu abrazo,
quizá pueda hacerte daño.

Hoy he perdido mi sendero,
he olvidado todo el llanto,
he lamido mis heridas,
como un perro cansado.

¿Qué voy a hacer con mis esperanzas,
que voy a hacer si el viento me arrastra?
¿A dónde irá toda la tinta,
que de mis versos se desangra?

¿Cómo voy a escribirle al vacío,
si por mí ya no siento nada?
Un aprecio desvaído,
ha substituido a mi alma.

Hoy sé que he vivido,
hoy sé que he soñado,
pero vida mía ya solo siento,
el peso de mis años.

Y por eso, mírame,
ya no sé a dónde ir,
no soy más que aire,
si ya no puedo escribir.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Melancólico silencio.


Podría describirte el color de una lágrima por dentro,
podría traducirte el idioma de mis besos,
podría escuchar el rumor del firmamento,
pero ahora no siento más que un frío silencio.

Podría esclarecer la locura de mi mente,
echar una moneda al aire y que decida la suerte,
podría perderme para siempre en una playa,
arroparme por el mar, destilar al sol mi alma.

Pero ya no siento más,
que una sutil calma,
un vacío que ya no dicta,
de mis canciones las palabras.

Pero ya no siento ni siquiera,
el torrente de mi sangre,
el latido de mi voz,
mis ojos no ven a nadie.

Quisiera esconderme,
para que nunca pudieras encontrarme,
para no poder ni siquiera verte,
ni en canciones tocarte.

Quisiera poder protegerme,
escudada en la distancia,
para no atravesarte con los dardos,
que no te rocen mis palabras.

No quisiera vida mía,
que vivieras este momento,
la dulce agonía,
que reina en mi invierno.

No quisiera amigo mío,
que vivieras mi tormento,
que contemplases los retazos,
de mí que le aúllan al firmamento.

Podría estremecerme en un abrazo,
podría dedicarte de mi vida todos los actos,
podría correr la cortina del teatro,
podría esperar, pero no oiría aplausos.

Podría caerme para siempre en un sueño,
no despertar jamás, no volver a sentir de nuevo,
para no poder ni siquiera,
romper la luna en versos.

Pero no siento más,
que un dolor en el pecho,
mi amante soledad,
se cela de mis momentos.

Pero no siento más,
que un dolor inarticulado,
me faltan las palabras,
me volvieron incoherente los años.

Quisiera vida mía,
no poder hacerte daño,
quisiera protegerte,
de lo que nos está pasando.

Quisiera mi corazón,
dejarte latir siempre,
pero cuando escucho tu voz,
alguien siempre hiere.

Podría describirte,
el color de una lágrima por dentro,
podría con mis dedos,
rozar los hilos de mis sueños.

Podría decirte adiós,
pensar que está sucediendo,
pero la vida gira,
y no sé si me estoy moviendo.

Pero ya no siento más,
que un agudo deseo,
me reclaman poco a poco,
los hados del sufrimiento.

Pero ya no siento más,
que un melancólico silencio,
una astilla clavada,
donde mi corazón antes estaba.